La vida es una serie de pequeños milagros. Reconócelos
Tu práctica en el mundo se mueve con el viento de la vida. Es multicolor y multifacético; es muy sencillo una vez que lo entiendes te das cuenta que es algo simple y directo.
Cuando practico la generosidad, me doy cuenta de que me coloco en un espacio de abundancia. Al darme a mí misma, a otra persona o al mundo, me enriquezco de formas que nunca imaginé. Al ponerme en este lugar de abundancia, siento que libero mi naturaleza nutridora. Y se siente bien, porque mientras beneficio a otros, también me beneficio a mí misma. Es como si iniciara una cadena de reciprocidad que va creando un entorno más positivo a mi alrededor.
Practicar la generosidad es importante, pero también sé que debo cuidarme. No quiero dar de una manera que me dañe a mí o a los demás, como cuando ceder ante los caprichos de un niño que hace un berrinche. Me aseguro de estar llena y satisfecha, porque es más fácil dar cuando me siento en plenitud. Sin embargo, sigo recordándome que ejercitar el músculo de la generosidad es una prioridad. Me hago consciente de todas las bendiciones que tengo, y cultivo un sentimiento de gratitud. Me permito sentir que tengo lo suficiente, así no me siento que algo me falta o que queda un vacío cuando doy un poco más.
Me doy cuenta de que dar es una parte natural de quien soy. No necesito ser una santa para ser una persona generosa. El altruismo se manifiesta en muchas formas: desde el corazón, el tiempo, el autocontrol, la disposición de servicio, hasta el alimento y el dinero. Al reflexionar, veo que ya es natural para mí el acto de dar, lo hago todo el tiempo, a menudo sin darme cuenta. Y cuando me percato de ello, me siento feliz y satisfecha.
También me esfuerzo en ofrecer total atención. Ofrezco mi capacidad de mindfulness cuando estoy con alguien, intento mantener mi presencia, minuto a minuto. Incluso si no me gusta lo que se está diciendo, me esfuerzo en mantenerme en el tema, ofreciendo una escucha receptiva, especialmente cuando se trata de un amigo o de mi pareja. De esta forma, cuando sea mi turno de hablar, es más probable que la otra persona esté abierta a lo que tengo que decir.
Practico la ecuanimidad. Me doy cuenta de que, en muchas interacciones y relaciones, a veces es mejor no agregar mis comentarios, consejos o reacciones emocionales. Mantenerme ecuánime y abierta puede ser uno de los regalos más grandes que puedo ofrecer.
También sé que ser servicial es crucial. Por ejemplo, participo de manera altruista en una causa que me importa, pero sin descuidar mi hogar. Me aseguro de estar presente y contribuir al cuidado de hogar, especialmente reconociendo todo lo que mi pareja hace en nuestro hogar.
Finalmente, me comprometo con mi propia práctica. Sé que una de las mejores contribuciones que puedo hacer a los demás es elevar mi propio nivel de bienestar. Busco ese espacio de calma y paz dentro de mí, el espacio de paciencia y abundancia, para tener siempre mucho que ofrecer.
¿Qué de esto puedes adoptar tu?
A veces, inmersos en nuestras rutinas perdemos de vista todo lo que está de nuestro lado, todo lo bueno que nos pasa, todos los regalos y los beneficios que recibimos. ¡Claro!, la vida no es perfecta, no se trata de ignorar el ajetreo y los pesares, sino ver la vida en su totalidad. Practicar la gratitud nos ayuda a identificar todo lo bueno que hay en nuestra vida.
Sentir agradecimiento nos ayuda a celebrar el presente, e incrementa las emociones positivas que son los recursos que necesitamos para navegar las dificultades cuando se presentan.
Hagamos una práctica:
Siéntate en tu postura de meditación.
Asegúrate de estar cómodo y con la espalda erguida.
Respira y nota cómo el aire es algo que mantiene y soporta tu vida. Date cuenta de la confianza natural de respirar para sustentar tu vida.
Trae a tu mente alguien que te ama. Date cuenta de la realidad de este amor, el saber que realmente hay alguien que te quiere. Absorbe los beneficios de saberte querido y confiar en el amor. Intenta hacer esto con otros a quienes tú amas.
Repasa tu día y recuerda todas la ocasiones en donde alguien tuvo una expresión de paciencia, de trabajo en equipo, de afecto, de amabilidad, de consideración. Es hermoso darse cuenta de las instancias de amabilidad que existen en el día pero que pasan desapercibidas.
Considera los bienes materiales con los que cuentas. Considera que hay muchos que carecen de todas las cosas que te rodean y soportan tu bienestar material.
Recuerda los alimentos que has consumido este día. Date cuenta de la cadena de personas que contribuyeron para que pudieras tener este alimento accesible; desde los cocineros, los vendedores del alimento a los cultivadores del alimento, pero además todos los elementos paralelos que han permitido consumir tu comida: los utensilios, los fabricantes de éstos, los transportes y maquinarias utilizadas en la cadena de acciones y eventos requeridos para surtir todo lo necesario para que en tu mesa disfrutaras de esa comida.
Considera las libertades con las que cuentas en el lugar en donde vives. Libertades como de movimiento, de información, de expresión, de transporte. Considera los lugares en tu mismo país o en otros lugares en el mundo en donde miles de personas carecen de lo que para ti es algo ya dado.
Haz una lista de al menos tres cosas sobresalientes por las que te sientas agradecido.
Comprométete a hacer esta misma lista de al menos tres cosas que te hagan sentir agradecido por una semana. Elementos de la naturaleza, personas, elementos de la sociedad, cosas a las que tienes acceso, libertades y oportunidades.
Metta es una palabra en Pali que puede traducirse como amabilidad, benevolencia, amor, interés activo por los demás. Esta práctica te ayuda a incrementar estados mentales positivos hacia ti mismo y los demás. La práctica de meditación Metta reduce los efectos negativos de cortisol que tu cerebro produce cuando estás estresado, y eleva la hormona de oxitocina, que promueve la salud y el bienestar mental.
Siéntate en una postura cómoda para hacer tu meditación.
Asegúrate de tener la espalda erguida, los hombros equilibrados y el pecho abierto.
Toma conciencia de tu cuerpo; siente cómo es habitar en tu propio cuerpo.
Siente la presencia de tu cuerpo en el espacio donde te encuentras; nota la temperatura de la habitación; nota el peso que ejerce tu cuerpo sobre el asiento o el cojín.
Evoca un sentimiento de presencia y comodidad en este momento, en este lugar.
Siente tu respiración cómo mueve tu cuerpo, mientras permaneces calmado y estable.
Cuando estés listo, trae a tu mente alguien por quien fácilmente sientes cariño, amor, amabilidad. Puede ser alguien del pasado, o del presente; un niño o una mascota; algo que lo evoque fácilmente.
Permite a tu imaginación que forme un holograma mental de esta persona en tu mente. Deja que tu corazón contacte con el sentimiento de amor, de bondad y amabilidad que sientes hacia esa persona.
Mientras mantienes el pensamiento en la persona y el sentimiento en el afecto que sientes por ella, repite las siguientes frases:
Que estés bien,
Que te sientas feliz,
Que tengas salud y bienestar,
Que no tengas sufrimiento.
Cuando te sientas listo, permite que estos sentimientos empapen el ambiente a tu alrededor, como una burbuja luminosa que se genera desde tu corazón.
Relájate en la sensación luminosa de amor y benevolencia y permíte que estos sentimientos y frases te empapen a tí también. Repite las frases hacia ti, para ti.
Que yo esté bien,
Que me sienta feliz,
Que tenga salud y bienestar,
Que no tenga sufrimiento.
Deja que la comodidad y la claridad de estos sentimientos y estas frases se manifiesten en tu mente. Nota las diferentes sensaciones que se despiertan en tu cuerpo. Permite que una sonrisa se dibuje en tus labios.
Ahora explora ampliar esta experiencia haciendo una burbuja más grande: Expande tu conciencia y trae a tu mente a una persona neutral en tu vida. Quizá alguien con quien te encuentras en contacto frecuente pero no la conoces mucho: El vigilante en tu colonia, el chofer del autobús, el cajero del expendio, el maestro de tu hijo.
Imagina esta persona ofreciendo la intención de amabilidad, de amor, de interés bondadoso. Repite la frase dirigida hacia esta persona.
Que estés bien,
Que te sientas feliz,
Que tengas salud y bienestar,
Que no tengas sufrimiento.
Sostén tu atención consciente en esta persona mientras repites las frases. Puedes reformular las frases, si así lo deseas, para que sean más cómodas para ti.
Puedes seguir expandiendo la burbuja de Metta, (bondad y amabilidad) hacia otras personas que aparezcan en tu mente. Intenta incluir personas que te irritan, con las que tienes poca paciencia o te desafían.
Cuando termines, regresa tu atención a tu respiración por unas cuantas inhalaciones más; vuelve a conectar con las sensaciones físicas que se generan en tu cuerpo.
Siente la satisfacción de saber que, éste trabajo que has hecho, está cambiando la química de tu cuerpo encaminándolo hacia el bienestar.
Sonreír tiene muchos beneficios: Las investigaciones científicas han revelado que, cuando una persona sonrie, es capaz de evaluar el mundo externo de forma positiva y creativa e incrementa sus capacidades para detectar las oportunidades a su alrededor.
Sonreír, junto con los sentimientos que evoca el hacerlo, promueve actitudes de cercanía y confianza, calma las respuestas automáticas del estrés y libera neuroquímicos como la dopamina y endorfinas.
Una sonrisa significa mucho: Enriquece a quien la recibe sin empobrecer a quien la ofrece; dura un segundo pero su recuerdo, a veces nunca se borra.
Esta práctica de expresarte sonriendo definitivamente no se trata de poner una máscara sonriente sobre la depresión, el sentimiento de pérdida, temor o enojo. Sonreír en estas instancias puede ser falso y probablemente no se sienta bien. Pero cuando te sientes neutral o estás pasando por un sencillo periodo de bienestar, activar la sonrisa mientras piensas en cosas que la evocan la harán surgir de manera natural, elevando tu estado de ánimo y te ayudarán a actuar más efectivamente.
Así que, en tu mente o en una libreta, haz una lista de cosas que te hacen sonreír. Durante el día, tantas veces como puedas recordarlo, repasa esta lista y permite que una cálida sonrisa se dibuje en tu rostro.
Luego nota qué cosas han cambiado dentro de ti; date cuenta cómo actúas con otros y cómo los otros responden hacia ti. Saborea estos buenos sentimientos y pequeños éxitos.
Sonreír varias veces al día, puede no parecer gran cosa, pero produce repercusiones maravillosas en tu cerebro, en tu cuerpo y en tus relaciones.
¿Acaso esto no es algo por lo que vale la pena sonreír? :-D
Conforme vamos recorriendo el camino hacia nuestro bienestar, encontraremos momentos difíciles en donde podemos perdernos de nuestro objetivo. De todos los factores que te llevan a la felicidad y al éxito, no es la inteligencia, ni la personalidad, ni la suerte, ni el carácter lo que te mantiene adelante, sino la perseverancia.
Sentimos respeto por las personas que persisten, pues en ellos vislumbramos la magia de la determinación, que los lleva a alcanzar las grandes cumbres. Como dijo Confucio: “La gloria más grande no consiste en no haber caído nunca, sino en haberse levantado después de cada caída”
Asegúrate de que tus objetivos sean dignos de tu perseverancia, porque no es sabio tomar rutas que llevan a puntos muertos. Considera el daño colateral: ¿Estás ganando batallas, pero perdiendo la guerra de tu bienestar, de tu salud, de tu integridad y el bienestar de otros?
Reconoce cómo se siente animarte con una feroz persistencia: Puede ser un sentimiento de fortaleza, de claridad, de inspiración de tener un propósito, de enfoque, de terquedad, de compromiso o todas ellas. Recuerda un momento cuando tuviste este sentimiento y revívelo en tu cuerpo cuando necesites recuperar las fuerzas internas para seguir adelante.
Toma el paso que está justo frente a ti. Un pequeño paso frente a otro te llevará lejos; todo lo que has querido está al otro lado del miedo y cuando el paso que sigue te acerca a él, éste retrocede un paso.
Encuentra un ritmo que puedas mantener; la vida es un maratón, no un sprint. Mantén constancia en tu práctica de meditación. Es mejor poco tiempo todos los días, que largos tiempos tan solo de vez en cuando. Crear el hábito es más fácil de sostener, sobre todo cuando las cosas se hacen más complicadas. Recuerda que un río talla la roca, no con la fuerza, sino con la persistencia.
¡Sigue adelante!