Despertando a la confianza Wakan Tanka
- Nayeli Maillefert
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¿Por qué?
Vivimos nuestra vida sin instructivo, y a veces sucede algo que nos tumba al piso. Una relación se desmorona, el camino trazado en la carrera se disuelve, aparece un susto de salud, surge una revaluación financiera, el mundo se enciende en guerra. Estos meses he transitado por varios de esos pasajes, y aunque quisiera decir que todo pasó en semanas, la verdad es que hay procesos que parecen no tener salida. Sin embargo, algo dentro de mí me sigue invitando a confiar. Y cuando regreso al espacio sagrado entre la exhalación y la inhalación, se abre la posibilidad: allí llega algo que me inspira.
¿Cómo?
En esta ocasión, fue una oración tradicional del pueblo Lakota: Wakan Tanka, que no es una deidad externa, sino la fuerza vital que permea toda la creación. Se traduce como Gran Misterio, y al encontrarme con esta oración comenzó un viaje hacia mi interior. El mundo ya no se sentía como un campo de tortura, sino como un territorio sagrado:
Wakan Tanka (Gran Misterio),
enséñame a confiar en mi corazón,
mi mente, mi intuición,
mi sabiduría interior,
los sentidos de mi cuerpo,
las bendiciones de mi espíritu.
Enséñame a confiar en estas cosas para poder entrar en mi
Espacio Sagrado y amar más allá del miedo,
y así caminar en equilibrio con el paso de cada glorioso Sol.
Este es el diálogo que sucedió:
—Gran Misterio, siento tu presencia como un viento suave que no veo, pero que me toca. A veces me pregunto: ¿cómo confiar más en ti y en mí al mismo tiempo?
*Hija de la vida, yo respiro en ti y contigo. Cada vez que dudas, regresa al ritmo de tu aliento. Allí estoy: en el espacio entre lo que sueltas y lo que recibes.
—Me he perdido confiando más en otros que en mí misma. He olvidado escuchar mi corazón. ¿Cómo regreso?
*Regresas cada vez que recuerdas que eres parte de todo. Tú eres río, eres árbol, eres estrella. Yo no estoy lejos: fluyo en cada célula tuya. Cuando honras tu cuerpo y escuchas tu intuición, me honras a mí.—Gran Misterio, ¿qué esperas de mí en esta vida?
*No espero, camino contigo. Solo te invito a vivir con respeto: por ti, por los demás, por la Tierra. Cuando eliges el bien común, me recuerdas. Cuando amas más allá del miedo, me despiertas en el mundo.—Entonces… ¿la confianza es?
*La confianza es recordar que nunca nos separamos. Yo estoy en el cielo que miras y en la raíz que te sostiene. Estoy en cada persona que tocas con tu bondad. Yo soy tú, y tú eres parte del Gran Misterio.
¿Por dónde?
El camino inicia con una reflexión fundamental: la confianza. Dos preguntas esenciales pueden guiarnos:
¿Cuándo se ha ido perdiendo la confianza en mí misma?
¿Cuándo he entregado ese poder a otros o a algo externo?
Sanar es, en esencia, restablecernos en esta confianza interior. A lo largo de la vida aprendemos a dudar: en la infancia, cuando nos corrigieron un dibujo; en la escuela, cuando la calificación valió más que la curiosidad; en la adolescencia, al compararnos con otros; en el trabajo, cuando una idea fue rechazada; en el amor, al silenciar nuestra voz para evitar conflicto; o en el dolor, al sentirnos sin fuerza para levantarnos.
También entregamos poder cuando creemos que la validación externa define nuestro valor, cuando dejamos que autoridades o modas decidan por nosotros, cuando aceptamos sin cuestionar las frases limitantes heredadas, o cuando pensamos que las respuestas definitivas están afuera y no en nuestra propia voz interior.
Reconocer estos momentos es un acto de liberación. Porque sanar no significa adquirir algo nuevo, sino regresar a lo que nunca nos dejó: la confianza en nuestro ser esencial. En ese regreso descubrimos que el Gran Misterio ya habita en nosotros, y que esa sabiduría, aunque velada a veces, siempre estuvo allí esperando ser recordada.
Y así, esto es simple pero profundo: confiar es regresar. Regresar al aliento, al cuerpo, a la Tierra y a nuestra verdad más íntima. Regresar para recordar que somos parte del Gran Misterio.
La confianza no se aprende, se recuerda.
Está en el aire que respiro,
en la tierra bajo mis pies,
y en la chispa eterna que me une al Gran Misterio.
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Agradezco mucho la forma en que me ayudas a confirmar cómo es que sane mi sufrimiento, como salí de lo que salí. Es muy cierto que al sanar, debemos olvidarnos de las cosas que no somos de lo que no nos hace entrar en nuestra esencia. También he descubierto cómo es que un punto de vista puede parecer tan sencillo, pero a la vez tan poderoso en nuestro proceso de sanación y tú nos ofreces muchos, Nayeli . Namaste.