2025 Cerrando ciclos, abriendo umbrales — Reflexiones desde el umbral

  • Nayeli Maillefert
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Este año ha pronunciado mi nombre con la voz de los cierres sagrados. Me ha llamado a mirar los pliegues más hondos donde la memoria, el anhelo y la verdad se abrazan sin palabras.

A veces la vida nos lleva de la mano hacia territorios que no habíamos planeado visitar. 2025 ha sido para mí uno de esos años: un susurro constante que me invita a mirar hacia adentro con una profundidad que desarma y libera al mismo tiempo. En numerología, este es un año 9, un año de cierres colectivos. Un tiempo para honrar lo vivido, agradecer lo aprendido y soltar —con amor y temblor— lo que ya cumplió su propósito.

Ahora que entra el último tramo del año, esta sensación se intensifica. No solo por la energía propia del calendario, sino porque varios planetas han entrado en retrogradación, creando un clima que nos invita a bajar el ritmo, a revisar, a ordenar lo interno antes de dar el siguiente paso. Es como si el universo entero respirara hondo y nos dijera:
“Escucha. Hay algo que quiere acomodarse en ti.”

Saturno, Neptuno y el acto sutil de cerrar un ciclo

Saturno —maestro del tiempo, guardián del límite y la madurez— está concluyendo un ciclo de 30 años. En mi carta, este movimiento lo lleva de la casa 6 a la casa 7: del territorio del trabajo silencioso, las rutinas del espíritu y el cuidado interno… hacia el espacio de los vínculos, los acuerdos, las alianzas verdaderas.

Es como cambiar de escenario interior: del trabajo silencioso del servicio hacia la forma en que me relaciono y construyo con los demás. Y aunque es un tránsito natural, en el cuerpo se siente como un desacomodo, como cuando mueves los muebles del alma y todo queda revuelto antes de volver a acomodarse.

Neptuno está haciendo el mismo viaje. Y ya sabes cómo actúa: no en línea recta, sino como neblina que va revelando suavemente lo que antes estaba velado. Su presencia marca finales espirituales y emocionales profundos, de esos que no se anuncian con palabras, sino con suspiros.

Es un tiempo de dejar ir sueños que ya cumplieron su función, visiones que fueron hermosas pero ya no ecoan en la vida actual. Un duelo suave, pero real.

Urano y la vibración del renacimiento

Y luego está Urano, el despertar.
Ese rayo que sacude estructuras internas y nos obliga a crecer en direcciones inesperadas.

Urano regresó a Tauro, a mi casa 8 —la casa de las transformaciones, lo íntimo, lo que muere y renace. Allí, su mensaje es claro:
“Libera lo que se volvió pequeño. Suelta lo que dejó de nutrirte.”

Pronto entrará a mi casa 9, la casa de la expansión del alma, de los aprendizajes superiores, de los nuevos lenguajes del espíritu. Quizás por eso siento que mi propio modo de enseñar, compartir y acompañar está mudando de piel… aunque aún no sé cuál será su nueva forma.

El territorio fértil del no saber

Entre estos tránsitos, estoy aprendiendo a habitar un espacio que rara vez celebramos: el no saber. Este vacío que no es ausencia, sino preparación. Este silencio que no es pérdida, sino apertura.

Mi alma está de duelo por lo que se va, pero también está curiosa por lo que vendrá. Y he descubierto que ambas emociones pueden coexistir como dos pájaros posados en la misma rama.

El cierre de las sesiones de Mindfulness

Con este trasfondo, he sentido la necesidad profunda —y a veces dolorosa— de suspender por ahora mis clases de los martes. Ese espacio tan querido que sostuve durante años con gozo, presencia y esperanza.

Esto no es una despedida definitiva.
Es, más bien, un acto de honestidad interna: reconocer que la forma antigua ya no sostiene lo que soy ahora.

Sé que aún tengo mucho por compartir, pero necesito un tiempo para reorganizar, reinventar y reorientar mi camino. No sé todavía hacia dónde, ni cuándo, ni cómo. Y eso está bien. Hay semillas que solo germinan cuando no las estamos mirando.

La energía escalar: un nuevo horizonte

En medio de este cierre surge un nuevo aprendizaje que me maravilla: la energía escalar.

Estoy explorando el potencial de esta energía que no se desplaza como una onda, sino que crea campos de coherencia. Campos que pueden influir positivamente en el bienestar, la armonía emocional, la claridad mental y la profundidad de la experiencia meditativa.

Lo poco que he visto hasta ahora me llena de asombro:

  • meditaciones más profundas,

  • sensaciones de calma sostenida,

  • una interioridad nutrida por algo más amplio que uno mismo.

Mi deseo —cuando mi aprendizaje haya madurado un poco más— es invitar a mis alumnos a sesiones personalizadas dentro de estos campos escalares. Espacios íntimos de exploración, serenidad y equilibrio.

Pero aún no estoy lista. Necesito estudiarlo, comprenderlo, integrarlo. Y honrar el ritmo de lo nuevo.


Te invito a que juntos hagamos esta meditación

Coloca tus manos en Gasshō frente al corazón.
Siente el calor que emana de tu propio centro.

Respira.

Imagina que todo aquello que este año te pidió revisar se acomoda suavemente en tus palmas.
Lo honramos.
Lo agradecemos.
Lo dejamos ir.

Respira otra vez.

Siente cómo un hilo de luz nace en el centro del pecho y se expande hacia arriba, hacia abajo, hacia todos los horizontes posibles.

Repite internamente, como un gesto suave:

Que lo que terminó encuentre reposo.
Que lo que nace encuentre espacio.
Que lo que soy encuentre forma.

Inclina la cabeza apenas.
Dale las gracias a tu camino.

Y recuerda:
Lo que se cierra no se pierde.
Se transforma.

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